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Diario de la Expedición:
12 de septiembre de 2005

Viaje al Pasado

Hoy hemos cambiado la isla de Tenerife por la de La Gomera. El viaje merece la pena porque es en la Isla Colombina donde se asienta el Parque Nacional del Garajonay. Este bien natural patrimonio de la humanidad desde 1987, es conocido mundialmente por la existencia de la laurisilva, bosque húmedo subtropical de hoja perenne en el que se incluyen especies como el barbusano (Apollonias barbujana), el madroño (Arbustos canariensis), tejo (Erica scoparia), saúco (Sambucus palmensis), til (Ocotea foetens), el palo blanco (Picconia excelsa) y el viñatigo (Persea indica), considerado el símbolo vegetal de La Gomera. Hace millones de años la laurisilva cubría toda la cuenca mediterránea pero los diferentes cambios climáticos redujeron su existencia a los archipiélagos atlánticos de Canarias, Azores y Madeira. En el Garajonay es donde se conserva en mejores condiciones, gracias a la existencia de la humedad constante que proporcionan los vientos alisios. La laurisilva ocupa una extensión de unas 3.500 hectáreas, dentro de las 3.984 del total del parque.


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La laurisilva está constituida por un conjunto de especies vegetales que dan lugar a un bosque húmedo único en el mundo. Foto: Javier Cosme.

El acceso lo hacemos a través del Centro de Visitantes, donde recibimos una explicación muy aproximada de lo que veremos después, incluida la famosa lluvia horizontal, que no es más que la acumulación de agua traída por las nubes que arrastra el alisio. Nos llama mucho la atención el contraste que vivimos entre el paisaje volcánico y reseco del Parque Nacional del Teide y la humedad que envuelve casi todo el Garajonay. Dicen que el nombre proviene de la leyenda sobre dos amantes: Gara (princesa de Agulo, el lugar del agua) y Jonay (de la isla del infierno, Tenerife), que se arrojaron al vacío desde el ahora llamado alto del Garajonay al ver como su amor no era aceptado por la familia de ella.
El origen volcánico de La Gomera se sitúa en unos 12 millones de años. Está conformada por la acumulación de materiales emitidos a lo largo de diferentes erupciones que se han visto seguidas por períodos de calma. La última fue hace dos millones de años. El hecho de que sea tan antigua la acción volcánica ha permitido un efecto intenso de la erosión, que unido a la acción del agua, la presencia de una humedad constante de los vientos alisios y el gran desnivel entre sus cotas más elevadas, hasta los 1 500 metros, ha propiciado la aparición de grandes y escarpados barrancos.


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Estampa para el recuerdo: nuestra visita al Parque Nacional de Garajonay en la isla de La Gomera. Foto: Javier Cosme.


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Los primitivos habitantes de La Gomera sentían especial adoración por las montañas, como el Roque de Agando, una antigua chimenea volcánica que se alza en la meseta central de la isla. Foto:Raquel Pérez.

De La Gomera ya se conocía que estaba habitada antes de la llegada de los europeos en el primer tercio del siglo XV. De esa época data la Torre del Conde, un enclave de la villa de San Sebastián que fue usado por civiles y militares y ahora es emblema de la isla. Entre sus muros seguramente estuvo Cristóbal Colón, que recaló en La Gomera en agosto de 1492, antes de iniciar su viaje hacia el descubrimiento de América. Un año más tarde volvió para avituallarse de agua, vegetales y animales vivos para encarar el siguiente de sus periplos.


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La Torre del Conde es quizá el monumento arquitectónico por el que más se identifica a la isla de La Gomera. Foto: Paula Lorenzo .

Completamos nuestra segunda visita a otro de los cuatro parques nacionales de Canarias. De regreso al campamento en el Observatorio del Teide ya vamos pensando en las sorpresas que nos esperan mañana en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, en la isla de La Palma, que acaba de sufrir la agresión del fuego, un incendio forestal que casi en una semana ha arrasado cerca de 2.200 hectáreas.

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