Diario de la Expedición:
13 de septiembre
de 2005
La Palma: isla del agua.
Nueva jornada de trabajo y nuevo parque nacional. Hoy visitamos La Palma donde estamos disfrutando de la belleza de la Caldera de Taburiente. Seguimos los pasos del geólogo alemán Leopoldo Von Buch que la recorrió en 1825. Él popularizó entre la comunidad científica internacional la denominación de "caldera", una gran depresión del terreno rodeada de paredes escarpadas cuyo origen está en explosiones o erupciones volcánicas intensas.
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El grupo posando ante el cartel que da la bienvenida al parque. Foto: Javier Cosme.
En nuestra ruta nos acompaña Pedro Martín, guía-intérprete del parque nacional. Él nos explica que la Caldera de Taburiente es un enorme circo de ocho kilómetros de diámetro situado en el centro de la isla de La Palma. El efecto del agua sobre la superficie volcánica ha conformado un paisaje repleto de barrancos con escarpes montañosos que descienden desde los 2.428 metros a casi el nivel del mar. La Caldera contiene en el subsuelo un gran acuífero que alimenta no sólo la elevada población de pino canario de la zona, sino que permite el abastecimiento de agua al resto de la isla. Los Reyes Católicos entregaron al adelantado Alonso Fernández de Lugo el derecho para repartir tierras y aguas. En la actualidad, su gestión recae en el Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte, compuesto por cerca de mil ochocientos hacendados que utilizan el agua de más de setenta manantiales y galerías de la Caldera.
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Una visión espectacular de la Caldera desde el Mirador de Las Chozas. Foto: Miquel Serra.
Entre la vegetación que cubre el parque destaca el pino canario (Pinus canariensis), que forma bosques extensos asentados en los barrancos y escarpes, protegiendo el terreno volcánico de la erosión. Es una especie vegetal que se caracteriza por aguantar bien el fuego debido a su gruesa corteza que lo aísla de las llamas. Es la única conífera de rebrotar tras un incendio. Pero eso no evita que se deban tomar las debidas precauciones para que catástrofes como la sucedida la semana pasada vuelvan a repetirse. Dos mil trescientas hectáreas de bosque han ardido y las alertas siguen activadas porque aún el fuego está activo aunque controlado en el Barranco de Los Poleos.
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Hoy hemos podido comprobar in situ el daño ocasionado por el fuego en el parque. Foto: Miquel Serra .
Además del pino canario, en el interior de la caldera en las zonas más húmedas y profundas también encontramos bosques de fayas (Myrica faya), brezos (Erica arborea), laureles (Laurus azorica), acebiños (Ilex canariensis) y sauces canarios (Salix canariensis) que son los más extensos de todas las islas. Entre los endemismos sobresale la violeta de La Palma (Viola palmensis) de la que sobreviven apenas unos ejemplares.
Durante nuestro recorrido hemos disfrutado de una visión única de la Caldera desde las cumbres que la circundan. Desde el mirador de Las Chozas, a 1 250 metros de altitud, hemos tenido la suerte de contemplar un paisaje único, hoy sin el habitual mar de nubes.
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Caminando entre un bosque de pinos. Foto: Miquel Serra.
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