Diario de la Expedición:
15 de septiembre
de 2005
Lanzarote: la isla misteriosa
Hemos llegado a Lanzarote. La tierra del vientoy los volcanes. Visitamos nuestro último parque nacional de las Islas Canarias: el de Timanfaya. Parece que el tiempo se ha detenido en un pasado remoto. El paisaje es una mezcla de tierras negras y ocres, salpicadas de vetas granates. El brillo del sol hace más intensa la fuerza de la tierra que surge de un mar azul verdoso. El diablo negro, símbolo de Timanfaya, enarbola su tridente para darnos la bienvenida al territorio del fuego.

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El grupo entra en su cuarto parque nacional. Foto: Javier Cosme.
El parque nacional de Timanfaya se encuentra situado entre los municipios de Yaiza y Tinajo. Ocupa una extensión de 5.107 hectáreas y fue declarado reserva de la Biosfera en 1993. Su orografía, como la de la actual Lanzarote, son el producto de sucesivas erupciones volcánicas. Las más intensas fueron las que se acaecieron entre los años 1730 a 1736. El núcleo central de éstas, se situó en las Montañas de Timanfaya, donde pueden encontrarse hasta 25 cráteres. En nuestra visita guiada por el parque hemos podido observar las Montañas del Fuego, del Manto de la Virgen -unos de los hornitos más importantes-, diferentes tipos de lavas "aa" (malpaises) y "pahoehoe" (lisas y cordadas) y los campos de piroclastos del Valle de la Tranquilidad. Pero, sobre todo, fuimos testigos del todavía calor residual que la isla mantiene en sus entrañas. El milagro de la zarza ardiendo al introducirla en una de las numerosas bocas volcánicas o el efecto de un geiser al echar agua. Timanfaya permanece dormida desde su última erupción en 1824, pero mantiene un sueño muy ligero.
A simple vista el terreno parece desértico, caluroso y batido por el viento. Nada más lejos de la realidad. La isla puede considerarse un laboratorio biológico en el que influyen diversos agentes: las diferentes formas que la lava ha adaptado, la acción intensa del mar en las costas del parque, el efecto abrasador de los alisios yla falta de precipitaciones. El resultado final es la aparición de los líquenes, el sustrato biológico que resulta necesario para que otras plantas más complejas puedan desarrollarse. Entre ellas encontramos a la tabaiba dulce (Euphora balsamífera) y el bejeque(Aeonium Lancerottense).
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El agua sale a presión como si fuera un géiser por la acción del calor del interior. Foto: Javier Cosme.
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Lanzarote es misteriosa. Sus paisajes son áridos pero encierran una gran belleza. Una caravana de camellos se disponen a adentrarse en el Parque. Foto: Denis Perdomo .
Nuestro viaje siguió hacia el norte, fuera ya del parque nacional. Nos dirigimos hacia La Cueva de los Verdes. Observamos los jameos, un conjunto de tubos subterráneos de aproximadamente seis kilómetros de longitud. Su origen se remonta a unos tres mila cinco mil años. Proceden de la erupción del volcán Monte de La Corona. Se les considera uno de los tubos volcánicos más largos del mundo.
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La Cueva de los Verdes dio cobijo a los lanzaroteños, en el siglo XVII, frente al ataque de piratas y cazadores de esclavos. Foto: Miquel Serra .
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