Diario de la Expedición:
22 de septiembre
de 2005
Viaje al pasado
El día ha transcurrido hoy prácticamente en la carretera. Ha sido de esas jornadas que empleamos para desplazarnos sin apenas parar por el camino. Salimos de Ordesa a primera hora de la mañana para enfilar ruta hacia Santillana del Mar. Dejamos Aragón para meternos de lleno en Cantabria, pasando antes por Navarra y País Vasco. En nuestro mapa hemos atravesado Jaca, Pamplona, Vitoria, Bilbao y Santander. Después de comer llegamos a Santillana del Mar y lo primero que hicimos fue desplazarnos hasta el Museo de Altamira. Una visita a la llamada Neocueva, en el recinto del propio museo, nos ha dejado buen sabor de boca porque la estancia en ese lugar, aunque sea una réplica de la cueva original, tiene fuerza suficiente como para hacernos retroceder ciento cuarenta siglos en el tiempo e imaginarnos cómo sería la vida entonces.
La cueva de Altamira fue descubierta accidentalmente por Marcelino Sanz de Sautuola en 1879 y desde entonces fue considerada como algo especial y frágil. Está emplazada en una de las colinas que circundan el recogido y agradable valle que da cobijo a la villa de Santillana del Mar, que entre sus galardones tiene el de pueblo más bonito de España.
A medida que pasaba el tiempo el interés por la cueva fue aumentando y su fama se fue extendiendo por todo el mundo. En los años setenta del pasado siglo empieza la preocupación por las alteraciones del microclima existente dentro de la cueva, consecuencia del incremento del número de visitas, que en otoño de 1973 llegó a la cifra de 174.000. Los riesgos de deterioro grave se hicieron evidentes por el aumento de la temperatura interior, el descenso proporcional de la humedad y la polución microbiológica, y en 1977 se cerró al público. En 1979 el Ministerio de Cultura creó el Museo Nacional y Centro de Investigaciones de Altamira. En 1982 se estableció que el límite de visitas anuales que Altamira podía soportar era de 8.500 personas. Así se garantizaría la estabilidad de su microclima y la conservación del conjunto de pinturas y grabados. Desde entonces se planteó la necesidad de una reproducción como alternativa a la visita de la cueva original.
Ha sido en esa reproducción donde hemos estado hoy, en la llamada Neocueva, un espacio creado a imagen y semejanza de la cueva original, que permite contemplar la belleza de un lugar que los expertos han llamado la “Capilla Sixtina del arte cuaternario”. En su techo hay pintados casi un centenar de animales y signos. De entre todos destacan 21 bisontes en distintas actitudes, acompañados de ciervos, caballos, cabras y bóvidos, además de signos, manos y figuras humanas, a veces superpuestos. Para su factura hace 14.000 años se emplearon técnicas diversas como grabado, silueteado, pintado, raspado y efectos de sombra. Su resultado es una composición de gran movimiento y belleza, única en el arte paleolítico. El resto de la cueva, que tiene un desarrollo longitudinal de 270 metros, contiene más grabados, incluso más antiguos, y un importante yacimiento arqueológico en el vestíbulo. La cueva de Altamira ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
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Salida del Sol en la Peña del Oroel en las puertas del P.N. de Ordesa y Monte Perdido. Foto: Miquel Serra-Ricart.
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Los expedicionarios de la Ruta de las Estrellas posando ante la entrada original de la cueva de Altamira. . Foto: Federico Fernández.
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