Logo Expedición

Diario de la Expedición:
23 de septiembre de 2005

Mons Vindius, el último reducto de las tribus cántabras


Ayer disfrutamos de una de las muchas joyas que Cantabria ofrece al visitante: la Neocueva de Altamira. Hoy iniciamos el viaje con la visión de Santillana del Mar. Una villa medieval que constituye un conjunto histórico-artístico, en el que también destacan las construcciones de los siglos XIV y XVII.
En nuestro camino hacia el parque nacional de Picos de Europa, atravesamos la parte norte de Cantabria, pasando por pueblos como San Vicente de la Barquera. Próximo a él se encuentra el límite de separación entre la comunidad de Cantabria y la del Principado de Asturias.
El parque nacional de Picos de Europa ocupa una extensión de 64.660 hectáreas repartidas entre tres comunidades: Cantabria, Castilla y León y el Principado de Asturias. Nosotros sólo visitaremos la parte de los lagos de Covadonga, situada en Asturias.


alta resolución
Los expedicionarios de la Ruta de las Estrellas posando ante el octavo parque nacional. Foto: Federico Fernández.


El nombre de los Picos de Europa procede de los navegantes, que veían tierra por primera vez, al regresar al continente, en estas cumbres. Para los antiguos eran los Mons Vindius, el último reducto de las tribus cántabras en su lucha contra los romanos. Los árabes los denominaban Peña de Pelayo. No será hasta 1530 en que Lucio Marineo, humanista italiano y capellán de Fernando el Católico, los citara con su denominación actual.
La estructura geológica del parque se basa en la acción erosiva de la karstificación (el efecto del dióxido de carbono disuelto en el agua de lluvia origina los barrancos, simas, cuevas, lapiaces y dolinas) y en el fenómeno glaciar. Éste último ha permitido la aparición de valles en artesa (en forma de “U”) y grandes lagos. La mayor parte de los lagos fueron desapareciendo porque se disolvió la roca caliza del fondo. En la actualidad, sólo encontramos los de Enol y La Ercina.
El día despejado nos permitió realizar una caminata de dos horas por los alrededores de ambos lagos y observar la belleza de las montañas que los circundan. Pudimos comparar las características de ambos. El lago Enol tiene una capacidad de 80.000 metros cúbicos, una profundidad de 24 metros y un limitado desarrollo eutrófico (incremento de sustancias nutritivas en aguas dulces de lagos y embalses). Por el contrario, el de La Ercina, con una profundidad de 2 metros, ha desarrollado una masa de vegetación acuática, sirviendo de hábitat excelente para diferentes animales como los ánades reales y las cercetas.


alta resolución
Un buitre leonado sobrevolando los lagos. Foto: Miquel Serra-Ricart.


alta resolución
Panorámica del lago Enol. Foto: Miquel Serra-Ricart.


A media tarde visitamos la basílica de Covadonga y la estatua de Don Pelayo. Una llovizna persistente nos obligó a retirarnos de la zona, no sin antes observar una de las aves rapaces más bellas que nidifican en esta zona, el águila real (Aquila chrysaetos). Nos hubiera gustado poder disfrutar del rebeco cantábrico (Rupicapra pyreinaica), el lobo ibérico (Canis lupus signatus) y el más emblemático, el oso pardo (Urdus arctos), catalogado como especie en peligro de extinción a pesar de haber sido el rey de estos territorios.
Mientras ponemos rumbo a nuestro campamento en Cangas de Onís, una montaña nos da la despedida, el Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu. Aunque no es posible divisarlo desde nuestra posición, la sombra de sus 2.519 metros y el color anaranjado del atardecer en su cara oeste, nos invitan a regresar a esta tierra de montañeses.

 


alta resolución
Don Pelayo, un noble visigodo, logra vencer en la batalla de Covadonga (722) a los musulmanes, con ayuda, según las crónicas, de la Virgen María. Esta es la razón por la que años más tarde se levantaría el santuario mariano de Covadonga. Foto: Miquel Serra-Ricart .


Día anterior | indice | Día siguiente

Ir a principio de página

  


©Copyright 2005, Shelios®

Shelios®