Diario de la Expedición:
24 de septiembre
de 2005
Por el camino de Santiago
Asturias amanece con su olor característico a humedad. En el campamento de Cangas de Onís, las tiendas están empapadas. No nos importa. Hoy tenemos por delante una larga ruta que nos llevará hasta Vigo, en Galicia y permitirá adentrarnos en uno de los antiguos ramales del camino de Santiago.
Esta vía fue de gran importancia durante la Edad Media. Muchos peregrinos se desviaban en León hacia el norte para penetrar en terreno astur y poder alcanzar Oviedo. Una ciudad de gran prestigio no sólo por haber sido la capital del reino cristiano, sino por albergar las reliquias contenidas en un Arca Santa, que se encontraban custodiadas en la Cámara de la iglesia prerrománica de San Salvador (la actual catedral gótica de Oviedo)
Una vez visitada la ciudad, el peregrino tenía dos opciones. Podía continuar por la “Ruta interior” que coincide con la que el propio Alfonso II siguió para llegar a Compostela en su primer viaje, o la “Ruta de la costa”, seguida por nosotros, en la que atravesamos poblaciones como Cudillero, Luarca, Mondoñedo y Villalba.
Todo el camino está jalonado de albergues, hospitales y otro tipo de construcciones románicas para los peregrinos. Su importancia perdura en la actualidad.
El límite entre Asturias y Galicia es difícil de distinguir sino fuera por las marcas que encontramos en la carretera. El paisaje está lleno de verdor. Las montañas nos rodean están ahítas de agua, a pesar del verano. La única diferencia es una sutil sensación de misterio que va envolviendo nuestros pasos. Tierra de meigas, de brumas, de océanos tenebrosos, el mar del fin del mundo, el Atlántico, como lo llamaban los romanos, por temor a caer en un abismo en el que habitaban grandes monstruos marinos.
Nuestro camino va marcado por la presencia de los cruceiros, cruces de piedra alzadas sobre pedestales que no sólo servían de señalización en la ruta jacobea, sino que protegían al viajero.
En esta andadura nos aproximamos a Santiago de Compostela. Ciudad patrimonio de la humanidad, que surge en el siglo IX, en torno al bosque de Libredón, gracias al descubrimiento de las reliquias del apóstol Santiago el Mayor. Durante siglos, diferentes corrientes románicas, góticas, renacentistas, barrocas, neoclásicas y otras muchas llegaron a estas tierras procedentes de Europa conformando la fisonomía y el carácter del lugar.
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Camino a nuestro destino final la ciudad de Vigo. Foto: Miquel Serra-Ricart.
Volvemos progresivamente a la costa atlántica. Nos acercamos al espacio natural del Complejo Intermareal Umia-Grove, A Lanzada e Punta Carreirón situado en el sector meridional de la ría de Arousa, al noroeste de la provincia de Pontevedra. Se trata de un conjunto heterogéneo de ecosistemas formados por grandes arenales, llanuras intermareales, marismas y la única laguna costera de la provincia de Pontevedra, que surgen de la unión del agua dulce del río Umia con la salada del océano Atlántico. Conforman un paraíso para un gran número de especies de aves que utilizan estas tierras como descanso en sus viajes migratorios.
Llegamos a la ciudad de Vigo, situada en la ría del mismo nombre. La tranquilidad del viaje se convierte ahora en un paisaje repleto de actividades comerciales e industriales, aunque todavía guarde el encanto y el olor de la galicia marinera. Nuestro destino es el Auditorio Concello de Vigo, donde se dará una charla sobre astronomía a cargo de Miquel Serra, jefe de la expedición.
La noche nos devuelve al refugio, pensando en que mañana nos espera nuestro noveno parque nacional, el de las Islas Atlánticas.
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Entrado en Vigo por la ría. Foto: Miquel Serra-Ricart.
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