Diario de la Expedición:
La berrea
Lo primero que nos llama la atención es el paisaje. Estamos en el Parque Nacional de Cabañeros, situado a caballo entre las provincias de Ciudad Real y Toledo. Está en el corazón de los Montes de Toledo, una formación montañosa que va de este a oeste por la zona meridional de la Meseta Castellana. Es decir, que estamos entre montañas pero también en medio de llanuras, lo que aquí llaman las rañas, amplios espacios fértiles formados por acumulación de materiales erosionados procedentes de las sierras circundantes. En las rañas se se llegó a practicar algún tipo de cultivo que hoy está en desuso. Y es en las rañas donde habita el ciervo ibérico.
Cuando atravesamos estas amplias extensiones parece que nos transportarnos a la sabana africana. Quienes han seguido las expediciones anteriores de Shelios por aquellas tierras habrán podido leer en nuestro Diario las descripciones hechas de la sabana. En poco se diferenciarían de la que podemos hacer de las rañas: espacios abiertos, suelos resecos, encinas, quejigos y alcornoques, especies vegetales que en Africa sustituríamos por acacias o baobabs. De hecho, al paisaje de las rañas lo llaman el Serengueti español, en alusión al parque del mismo nombre en Tanzania. No importa que en las rañas no haya leones, elefantes o jirafas. Sí hay buitres negros, jinetas, corzos, jabalíes o ciervos ibéricos. Y de estos últimos nos llevamos llevado en nuestras cámaras digitales y en nuestras retinas casi todos los detalles de la berrea. Los machos acaban de renovar sus espléndidas cuernas y se dedican a cortejar a las hembras para reproducirse. Hay luchas entre unos y otros y para delimitar su espacio y berrean, emiten un grito que retumba en la distancia, advirtiendo al rival de que en su territorio no se entra. Pasan casi todo el día dormitando y cuando cae la tarde y refresca empieza el rito de la berrea. Así durante casi un mes. Luego las hembras quedan preñadas y ya en primavera empiezan a nacer las crías nuevas al tiempo que los machos vuelven a perder sus cuernos para empezar el ciclo al final del verano.
Hemos tenido la suerte de ver este espectáculo en un parque nacional que, en principio, iba a ser destinado a campo de tiro. En 1982 el Ministerio de Defensa compró Cabañeros –que debe su nombre a las cabañas en las que se refugiaban los pastores-. La pretensión fue contestada por una movilización popular que llevó a que fuera declarado parque natural seis años después y parque nacional en 1995.
La mejor manera de ver Cabañeros es desde uno de los vehículos de que dispone la administración del parque. Luis Carbonell es un madrileño que desde hace dieciocho años vive en el vecino pueblo de Alcoba de los Montes. Allí ha echado raíces y, convertido ya en guía de rutas 4x4 en Cabañeros, nos ha acompañado y nos ha explicado con mimo cada detalle que no quería que nos perdieramos. Se le notaba el gusto por su trabajo lo que nos ha permitido entender que en un espacio como éste se hace necesario el respeto por la naturaleza, que lleva en definitiva al respeto por los demás.
©Copyright 2005, Shelios®
|