Diario de la Expedición:
28 de septiembre
de 2005
Tablas de Daimiel
Decir que llevamos muchos meses de sequía no es decir nada nuevo, pero ver con nuestros propios ojos algunos de los efectos de la falta de agua es sentir pena por tantos valores naturales que se están perdiendo. Y hoy hemos podido comprobar cómo uno de los humedales más importantes de nuestro país está con todas las alarmas encendidas porque la ausencia de precipitaciones y la mala planificación de los recursos hídricos hecha en tiempos de nuestro pasado reciente lo tienen amenazado.
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¡Ya llevamos once parques nacionales viistados! Foto: Juan Carlos Casado
El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, en la provincia de Ciudad Real, es el último representante de un ecosistema llamado tablas fluviales, formado por las aguas procedentes de los desbordamientos de los ríos, en este caso el Guadiana y el Cigüela. Es característico de La Mancha y hasta la década de 1960 cumplía un ciclo regular que propiciaba que sus 1.928 hectáreas se convirtieran en refugio para muchas especies animales, sobre todo aves acuáticas.
Una mala gestión de los recursos naturales junto a unas leyes que permitían, por ejemplo, que se desviara o se secara el cauce de un río –el Guadiana- para evitar la propagación de enfermedades, hicieron que la llegada de agua a las tablas fuera cada vez menor y que la poca que lo hacía fuese de un alto grado de salinidad –la del Cigüela-, lo que perjudicaba el propio orden natural del entorno.
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Las Tablas de Daimiel están sufriendo la sequía pero siguen manteniendo el nivel de agua justo aunque cada vez en menos hectáreas. Foto: Miquel Serra-Ricart
Llegamos al año 1973 y la Administración de entonces decidió darle carta de identidad al ahora parque nacional, con la intención de proteger un humedal único. Así empezó la historia oficial de este lugar que ha visto cómo el paso de los años ha ido reduciendo su superficie acuática. De las 1.675 hectáreas encharcables que tiene el parque, a día de hoy sólo existen 120. Una barbaridad, dirían algunos, aunque hubo tiempos peores, con años de tan sólo 30 hectáreas. En el caso de las tablas, lo que cuenta es la superficie y no el volumen de agua porque la media de fondo apenas supera cuarenta centímetros.
Pero lo que hemos visto sí nos ha llamado la atención. Además de comprobar los devastadores efectos de la sequía también hemos podido observar algunas de las aves acuáticas que escogen el parque para pasar temporadas más o menos largas en sus migraciones. En las próximas semanas empezará la llegada de patos, dispuestos a iniciar sus cortejos nupciales –también lo hacen en primavera- y el resultado será el nacimiento de nuevas crías allá para marzo. Son menos ejemplares porque también tienen menos sitio pero los que vienen son tan bellos como los que han decidido mudarse a barrios más próximos como el de Doñana. Hay patos colorados, ánades reales y alguna garza imperial.
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El equipo que presta el apoyo logístico a la expedición. De izquierda a derecha, Cristina Marrero, Juan Manuel Cedrés, Santiago Cháves y Cándido Alvarez. Foto: Juan Carlos Casado
Todo encaja en un ecosistema como las Tablas de Daimiel, y todo puede desencajarse a poco que se altere el orden natural. El cambio en el curso de los ríos y la escasez de lluvias –en lo que va de mes sólo se han recogido 12 litros por metro cuadrado- han hecho que varíe la fisonomía del parque. Así, el carrizo ha ido ganando terreno a la masiega o a la enea, plantas características de las tablas, en las que domina una: el taray, único árbol existente en estos parajes cuyo tronco puede llegar a secarse, aunque siempre mantendrá un hálito de vida que se transforma en nuevos brotes.
Nos vamos del parque –el más pequeño de España- con la sensación de haber aprendido cosas nuevas sobre nuestra tierra. Algunas nos las ha contado Mari Cruces García-Madrid, una de las guías del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Con sus explicaciones y con lo que hemos visto no nos cabe duda de que si no ponemos empeño entre todos, por poco que sea, podemos perder mucha de la riqueza natural que nos rodea y que nos permite hacernos más felices.
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Amanecer de Marte y las Pléyades desde el Parque Nacional de Cabañeros. Foto: Juan Carlos Casado
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