Diario de la Expedición
Imágenes
Crónica:
25 de agosto
de 2006
DE LA MONTAÑA A LA SABANA.
Después de su encuentro con los cielos en el Kilimanjaro, los doce estudiantes canarios de La Ruta de las Estrellas, descubren la tierra en las salvajes llanuras del Serengeti.
África, generalmente, se asocia con guerras, hambrunas y pobreza. Pero, a veces, nos sorprende con una belleza diferente. Hoy ha sido uno de esos días en que a pesar de las incomodidades del camino, del calor sofocante y de un polvo siempre presente, sus llanuras polvorientas y salvajes nos brindan la oportunidad de observar animales como el león, el elefante y el hipopótamo.
El Parque Nacional del Serengeti tiene una extensión de aproximadamente 15.000 km² Esto implica recorrerlo en coches todo terreno como los que los estudiantes de la Ruta de las Estrellas han utilizado para desplazarse por él. Algunos de ellos tuvieron la suerte de observar, a menos de un metro de distancia, a un leopardo que se aprestaba a cazar una gacela. La posibilidad de presenciar esta escena es algo único si tenemos en cuenta que numerosos investigadores necesitan hasta seis meses para lograrlo.
Además de este depredador, numerosos herbívoros como los búfalos, jirafas, cebras y ñus pueblan en gran número el parque. El Serengeti es conocido por las migraciones anuales de decenas de miles de ñus que atraviesan el río Mara. De hecho, hemos sido testigos de cómo las cebras Maasai guían a los ñus en este camino.
A lo largo de las dos noches que hemos pasado en el Serengeti nuestro albergue han sido unas simples tiendas de campaña en medio de la sabana, sin vallas que nos separen y, sobre todo, nos protejan del medio salvaje. El sol cae en un rápido atardecer, típico de las zonas ecuatoriales y la oscuridad envuelve todas nuestras actividades. A partir de ese momento sólo un silencioso guerrero Maasai monta guardia durante la noche para protegernos de cualquier animal que pudiera agredirnos.
Aunque la noche parezca peligrosa también nos ha permitido observar un cielo lleno de estrellas, sin contaminación alguna. Los estudiantes han podido aprender tanto cómo situarse en la bóveda celeste como fotografiar el cielo.
Si la noche resulta intimidante, un nuevo amanecer nos sorprende. Rojos intensos, preludio de otro día de calor y polvorientos caminos que llevarán a la Ruta de las Estrellas al Parque Nacional del Ngorongoro.

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