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Diario de la Expedición
Imágenes
Crónica:

27 de agosto de 2006

En el fondo del Ngorongoro.
La Ruta de las Estrellas llega al cráter del Ngorongoro, un ecosistema singular en el interior de una antigua caldera volcánica.

El Serengeti se despidió de nosotros con un último espectáculo: la visión de centenares de hipopótamos junto a una decena de cocodrilos en una de las pequeñas charcas del parque. Todavía nos encontramos en la estación seca y los animales necesitan compartir el agua para sobrevivir. Debido a su estancamiento el olor llega a ser nauseabundo.
En el camino que nos lleva hacia el Ngorongoro visitamos uno de los yacimientos antropológicos más relevantes de la historia: la garganta de Olduvai. Se descubrieron en la década de los 60 y 70 los cráneos de homínidos de hasta dos millones de años de antigüedad. Los llamados Australopithecus boisei, Homo habilis y Homo erectus, directos antepasados del ser humano actual.
Tras una dura jornada de sol abrasador nos recibe el Ngorongoro con una niebla cerrada y un notable descenso de la temperatura, ya que se encuentra a más de dos mil metros de altitud. El camping está inmerso en un denso bosque húmedo, hogar de numerosos animales. La noche nos trajo nuevas sorpresas. Un gran elefante y búfalos al lado de los baños y hienas que rasgaron algunas de las tiendas, mientras dormíamos, para robar comida.
Un amanecer frío y brumoso recibe a los expedicionarios. El cráter se abre ante nosotros. Contemplamos su inmensidad. La misma anchura que la isla de El Hierro. A lo largo de la jornada el sol se abre paso para mostrar otra de las grandes sorpresas: la caza de unas cebras por un grupo de leonas. Nos sentimos agraciados por presenciar en directo la lucha por la supervivencia. Y también al comprobar la capacidad que demuestran estos felinos introduciendo a sus cachorros en el arte de la caza. Al final las cebras continuaron con vida.
Otro ejemplo de la riqueza faunística del Ngorongoro ha sido observar dos ejemplares de rinoceronte negro, completando así, nuestra particular cuenta de los llamados cinco grandes: el león, el leopardo, el hipopótamo, el búfalo y el rinoceronte.
En todas las tierras que rodean al cráter hallamos numerosos componentes de la tribu Maasai. Sus vestimentas tradicionales basadas en los colores rojo y violeta, destacan en el paisaje. Aparecen rodeados de su ganado y a menudo próximos a los numerosos turistas que visitan la zona.
Al final de la jornada regresamos al lago Manyara. Los estudiantes de la Ruta de las Estrellas se muestran extasiados por las maravillas que han contemplado. El esfuerzo de las largas jornadas y el cansancio del viaje no han hecho mella en su espíritu. Al contrario, desearían que la aventura no finalizara y que el año que viene pudieran repetir la experiencia en la Ruta de las Estrellas 2007.
¡Nos vemos en el Macchu Pichu!

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