Diario de la Expedición
Las cordilleras andinas que recorrimos hace sólo unos días se desdibujan poco a poco a medida que nuestro avión asciende. No estamos seguros de si nos vamos o es Péru el que se despide ¿Quién se aleja de quién? Tal vez no avancemos, simplemente nos elevamos y, flotando, esperamos a que la tierra gire, hasta que decidimos bajar cuando nuestra casa pasa por delante. Allá se van las montañas y los valles, los pastores andinos, las tejedoras, las llamas y las alpacas,... y un cuy al horno. No podremos alcanzar ya el tren de Aguas Calientes, ni el espíritu de la madre tierra a la que ofrendaban los incas; se deshojan las plantas de coca y se mezclan con la niebla espumosa de Lima,... eso debe ser un enorme “Pisco sour”, le dicen pisco sagüer por aquí...por allí...allá... ROBERTO GONZÁLEZ. Las despedidas siempre son siempre tristes. Despedirse de gentes que lo han compartido todo contigo es doloroso. Nunca olvidaré a los cinco estudiantes que pasearon a mi lado en las dunas del Namib o a los ocho que chillaron a mi lado cuando la luna ocultó al sol o a los doce estudiantes que resistieron mi sufrimiento para tocar el "techo" de África en Tanzania. También hay un pedazo de mi corazón para Adrián, Helena, Tania, Yanira, Sara, Nicole, Aura, Idaira, Ruth, Elba, Cristian y Amador que han compartido mi sueño más antiguo: pasear por la ciudad sagrada de los Incas, el Machu-Picchu. Tampoco puedo olvidar a todo mi equipo de apoyo. El "dream team" formado por Cándido y Javier (logística), Adela (sanidad), Roberto, Guillermo y Javier (imagen), Casado y Juan Pedro (astrofotografía), Federico (docencia), Paco y Toñi. Mi más sincero agradecimiento por ayudarme a conseguir que por cuarta vez la Ruta de las Estrellas fuera todo un éxito. El año que viene nos vemos en Siberia.
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