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Diario de la Expedición
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Crónica:

23 de agosto de 2007

De Ricos y Pobres

Hoy hemos viajado en el tiempo. Existen varias rutas para llegar hasta Machu Picchu, a través de los caminos incas que aún se conservan casi intactos. El que hemos elegido conecta dos valles: el de Lares y el de Urubamba, un camino que apenas se utiliza hoy día por las expediciones turísticas pero que en la época de los Incas era de los más transitados. Era una de las rutas comerciales más importantes que conectaba el Tauhantinsuyo con las demás regiones del imperio Inca. Por ese camino llegaban caravanas de llamas o alpacas, cargadas de hoja de coca, de sal, o de espóndylus, que era la concha de un bivalvo marino muy difícil de obtener y más valiosa para los incas que el mismo oro. Esas tres mercancías eran la principal moneda de cambio mucho antes incluso de la época de esplendor del imperio Inca. Por esta misma ruta, tras las mulas que transportan nuestra carga, nos hemos cruzado con grupos de llamas y alpacas que nos miraban curiosas con sus enormes ojos negros; hemos caminado junto a rebaños de ovejas que esperan a que mejore el tiempo para ser esquiladas, cruzamos ríos sobre troncos que exigían equilibrio y hablamos con niños y pastores en una mezcla de quechua y español. La mayoría no tiene electricidad ni agua corriente, construyen sus casas de adobe en riscos inaccesibles y siguen vistiendo sus coloridos ropajes tradicionales como si el siglo XXI se hubiera quedado esperándonos a la entrada de este valle.¿Quién es rico y quién es pobre? Una pregunta que tal vez en Lima tuviese fácil contestación nos provoca muchas más dudas en este idílico lugar. El entorno es bellísimo pero vivir aquí exige un enorme esfuerzo. Sin embargo percibimos a estas gentes arropadas por sus costumbres y su cultura. Y por su inmensa capacidad de trabajo. Los vemos caminando kilómetros y kilómetros para vender sus mercancías o cavando la tierra con sus “chaki taclla” o arado de pie. Esta forma de arar, exige un enorme esfuerzo. No sólo se emplean los brazos, también las piernas para saltar rítmicamente sobre la azada que horada la tierra para la siembra. El cuerpo entero se emplea en un trabajo que se nos antoja un baile agotador. Casi con pudor tras observar las duras condiciones de trabajo de los agricultores de la zona, llegamos a una zona de aguas termales a la entrada del valle de Lares. El baño en sus aguas sulfurosas y ricas en hierro es la antesala de la caminata que nos lleva hasta los 3.500 metros de altura donde hemos acampado esta noche. Los alumnos aprovechan para realizar observaciones astronómicas y comparar las constelaciones que conocemos hoy día con las que observaban los antiguos Incas. La principal diferencia entre la noche Inca y la nuestra es que los Incas representaban constelaciones en las zonas de sombra de nuestra galaxia (nubes moleculares). La razón se entiende la primera vez que uno observa la Vía Láctea austral. En el hemisferio sur nuestra galaxia tiene una mayor densidad estelar lo que se transforma en un mayor brillo. La Vía Láctea austral es sencillamente maravillosa. En esas sombras los incas veían llamas, sus crías, serpientes, sapos, zorros,…en definitiva, proyectaban en el cielo toda la fauna que les rodeaba en la tierra.
La noche será corta puesto que hay que madrugar con el sol. Al quedarnos a solas con el sonido del río que pasa junto a nuestro campamento volvemos a preguntarnos quién es rico y quién es pobre,… pero esta vez pensamos en nosotros mismos.

ROBERTO GONZÁLEZ.

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