Diario de la Expedición
Imágenes
Crónica:
28 de agosto
de 2007
El amigo Dante
Los canarios entenderán la comparación. Imagínense el casco antiguo de La Laguna o La Orotava en Tenerife, Vegueta en Gran Canaria o la Calle Real en La Palma. Pues bien, ensanchen las calles y plazas el doble o triple de su tamaño y asienten las calles sobre enormes piedras que fueron utilizadas por los Incas. Eso es Cuzco. Una bellísima ciudad a casi 3.300 metros de altitud donde proliferan las fachadas coloniales que tan bien conocemos en las Islas, incluidos los balcones de madera, finamente tallados en algunos casos que nos hacen olvidar por un momento que estamos a miles de kilómetros de casa.
Volvemos a la realidad cuando tenemos que subir alguna calle empinada que nos deja jadeando como cualquier esfuerzo a esta altura. Y eso que hemos tenido tiempo para aclimatar bastante el cuerpo a estas condiciones. El centro neurálgico de la ciudad es la Plaza de Armas. Lo era desde la época inca pero entonces sólo se permitía el acceso a la nobleza. Los conquistadores españoles mantuvieron su importancia como capital del imperio Inca hasta que la capital fue trasladada a Lima. Dicen los viajeros que es una de las plazas mayores, más bonitas de toda Sudamérica.
Ha sido un día de transición. Tras la observación del eclipse durante toda la noche empleamos la mañana en descansar un poco para ya por la tarde dar un pequeño paseo por la ciudad. Quizá sea un buen momento para hablar de nuestro amigo Dante. Dice que se llama así porque su madre trabajaba en casa de unos italianos cuando el nació y le pusieron ese nombre tan literario y, como no, tan italiano. Dante es un apasionado de la astronomía, pero también es un vitalista. Pocas personas habrán disfrutado tanto de cada momento, de cada encuentro, como este personaje que nos encontramos nada más llegar a Cuzco. El Gobierno peruano le ha dado el título de Arqueoastrónomo, es de hecho el único del país según nos contó él mismo, y es por eso que se enteró de nuestra llegada al país. Dante siente pasión por la estrellas y por la cosmovisión andina y sobre todo siente auténtica ansia por aprender. Por eso fue a esperarnos al aeropuerto de Cuzco hace una semana y por eso nos ha acompañado en nuestra aventura andina desde entonces. Tiene una apariencia inconfundible, con su pelo largo recogido en una coleta y su sonrisa permanente. Tardamos poco en darnos cuenta de que este hombre ama la vida tanto como a sus orígenes cuzqueños, de los que presume orgulloso. El nos enseñó que se puede abrazar a una piedra, escuchar al viento y sentir el calor de un árbol, que para observar el cielo hay que observar primero a los que viven en la tierra porque su concepto de la vida determinará su visión del cosmos. Nos cae bien Dante, porque es un hombre apasionado por la vida y porque nos parece buena persona. Una de esas que no se olvidan. ¡Hasta la próxima maestro!
ROBERTO GONZÁLEZ.

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